21 sept. 2011

Viaje a Bélgica (III). Agitada mañana por Bruselas.

Tras la agitadita tarde/noche del primer día, nos levantamos con el físico algo maltrecho pero con los ánimos igual de inquebrantables. Una vueltecita por el precioso centro de Bruselas y nos fuimos a visitar algunas de sus tiendas, entre las que sin duda destacaría dos nombres: Beer Planet y Bier Tempel.

 
 


 

La primera con 900 y pico cervezas y la segunda con algo más de 600… ¿Poca cosa, verdad? Con esos números poco más se puede añadir… Marcas rarísimas, muchísimas etiquetas curiosísimas, decenas de copas y jarras, camisetas, libros, pósters, placas metálicas, posavasos, imanes, llaveros… Todo un verdadero sueño para cualquier coleccionista compulsivo (a mi no me miréis…). La suerte para nuestros bolsillos fue que la maleta extra facturada para estos menesteres no pudiera llevar más de 15 Kg.…

Tras las pertinentes compras nos fuimos a otro de los templos cerveceros clásicos de Bruselas, el Poechenellekelder. Allí, justo en frente del Manneken Pis, habíamos quedado de nuevo los cuatro con Iván y Anna.


En cuanto al local, seguía la misma tónica que los bares del día anterior. Otra buena carta de cervezas y comida, una decoración única y un ambiente sensacional. Los interiores, algo menos recubiertos de madera por suelos y paredes, eran un verdadero museo. Algo recargados y sin un centímetro de pared libre, tenían tanto cachivache colgado por las paredes y techo como para entretenerse mirando una semana entera sin terminar de verlo todo. Muchos títeres, máscaras, armas antiguas, carteles, libros, botellas y copas antiguas… ¡Un festival!


Entre tanto chisme, nos sentamos y pedimos la estrella del bar (si no lo es, desde luego lo parece…), una maravillosa y reconfortante poción anti-resaca, la soup du jour hecha con cebolla y caldo de carne. Tanto tiempo leyendo y escuchando a Gabriel hablar de esta delicia y no decepcionó un ápice.

Para acompañarla, entre los seis pedimos dos cervezas de barril, De La Senne Zinnebir (ideal de carbonatación, cítrica, amarga y muy refrescante) y Jandrain VI Wheat (trigo muy bebible y con un curioso toque a lúpulo). En botella, Lefebvre Blanche de Bruxelles y dos colaboraciones de Brasserie De La Senne con la americana Allagash Brewing: Very Speciale Belge y Jambe de Bois. Estas últimas no nos dijeron demasiado (y eso que particularmente me encanta casi todo lo que elabora De La Senne).

 En la foto, las dos botellas de Brasserie De La Senne.

Tras el fugaz pero intenso festín nos fuimos a la Brasserie Cantillon, una fábrica cuyo reconocimiento y prestigio en todo el mundo cervecero es más que sobrado pese a que sus cervezas suelen generar tantos adeptos como detractores. Ya sabéis, cuando hablamos de lambics


Situada en una de las barriadas periféricas de Bruselas, con todo lo que ello suele implicar en cuanto a aspecto, gentes y ambiente en muchas capitales europeas, nos topamos con unos sencillos exteriores de ladrillo pintados de color blanco. Fue traspasar su puerta de madera y literalmente retrocedimos 20 o 30 años. Una cuantas barricas de roble por aquí y por allá, botellas cuyas preciosas etiquetas generarían un problema de salud a más de un coleccionista, cajones de madera y decenas de “trastos” viejos que daban un aspecto general algo descuidado pero a la vez con el encanto que tiene todo aquello con mucha historia detrás. Además, había una pequeña tienda donde poder comprar sus cervezas y algo de merchandising, y un pequeño bar donde probarlas.


 Arriba, la entrada a la fábrica. Abajo unas cuantas botellas antiguas.


Justo encima de estas letras, las cervezas que había en la tienda.

Allí nos habíamos citado con Alberto, el encargado del Museo de la Gueuze (situado en las mismas instalaciones), a quien Gabriel y Marya ya conocían de Un Mare Di Birra. Se ofreció a darnos una visita guiada especial por la fábrica, algo que terminaría siendo uno de los mejores recuerdos de todo el viaje.

Caminando entre maquinaria del s.XIX que sigue utilizándose desde que abrieran hace más de un siglo, Alberto nos fue contando muchas anécdotas relacionadas con los inicios de la cervecera, sobre el por qué estas cervezas se elaboran en la región del valle del río Senne, además de innumerables cuestiones sobre cómo se gestan estas verdaderas joyas espontáneas.

Pasamos por la sala de mezclas, donde se obtiene el mosto que posteriormente es bombeado hacia la planta superior. Después, ya en la primera planta, vimos la sala de cocción con su impresionante tina de cobre, de donde subimos hasta la parte superior del edificio, en la cual encontramos una preciosa y antigua buhardilla repleta de sugerentes aromas.


Arriba, Alberto junto a la tina de cobre. Abajo la buhardilla.

Esta buhardilla funciona como almacén de lúpulo viejo (de este modo únicamente aporta aromas a la cerveza) y cereal. Anexa al almacén se encontraba la tan ansiada sala que se abre las noches de los meses más fríos del año y de este modo las preciadas levaduras y bacterias fecundan el mosto convirtiéndolo en un elixir de dioses.

En la foto, el recipiente donde se vuelca el mosto para que las levaduras que entran por el tejado lo contaminen.

Un detalle curioso fue encontrar todas las instalaciones repletas de telas de araña, pero esto no es algo casual ya que de este modo impiden que se acerquen moscas y otros “bichejos” a la cerveza (cualquier insecticida artificial contaminaría la cerveza).

A continuación bajamos hasta una majestuosa sala con las barricas de roble. Según nos contaron, los toneles no se cierran hasta pasados unos días ya que debido a la voracidad de las levaduras y su consiguiente producción de CO2, de no estar abiertas explotarían. Ésta es la misma razón por la que no embotellan la Cantillon Faro (lambic con adición de azúcar), porque el extra de azúcar podría provocar la explosión de las botellas por un exceso de CO2 (por lo tanto, ¿como se las ingeniarán otras cerveceras...? ¿conservantes, estabilizantes...?).

En la foto, la sala de barricas.

Enfrente de estas barricas Alberto nos contó una curiosa anécdota y es que la Cantillon Fou’foune, una lambic macerada con albaricoques, nació a pesar de que el padre de Jean, el actual maestro cervecero, no tenía muy claro usar esta fruta hasta que un amigo suyo que los cultivaba le puso el camión enfrente de la fábrica. De este modo no tuvo más remedio que usarlos. Eso si que es tozudez, y en este caso además, una grata tozudez ya que la cerveza (que la pudimos probar el día anterior en Moeder Lambic) es extraordinaria.

Tras quedar embelesados con la charla y ver una placa en medio de las barricas que rezaba “Le temps ne respecte pas ce qui se fait sans lui” (el tiempo no respeta aquello que se hace sin él…), pasamos por la planta embotelladora. De allí terminamos bajando de nuevo hasta la entrada, donde tenían varias barricas con algunas copas encima esperando a ser probadas.


 En la foto de arriba podemos ver algunas joyas de coleccionista sobre una antigua embotelladora. Abajo la recepción con las mesas/barricas.

En primer lugar degustamos el alma máter de la casa, la Cantillon Gueuze, elaborada mezclando lambics de 1, 2 y 3 años, ya que así se corrigen las unas a las otras consiguiendo una mezcla casi perfecta. A continuación pudimos probar dos de sus lambics de frutas: Kriek (con cerezas Schaerbeek) y Rosé de Gambrinus (con frambuesas). La Kriek sin duda fue la que más nos gustó de las dos pero la Rosé de Gambrinus está a años luz de cualquier otra cerveza con frambuesas que hayamos probado antes. Sublime. Finalmente, también pudimos probar la lambic del año, directamente de barril, más estridente que la primera Gueuze, pero igual de adictiva que todas las demás (los que seáis amantes de este tipo de cervezas como un servidor ya sabéis a qué me refiero…).

En la foto, la gueuze (izquierda) y las lambic de frutas (derecha).

A parte de las cervezas, algo que nos sorprendió mucho fue el excelente ambiente que se respiraba en todo momento. No percibimos un ápice de prepotencia ni de querer mostrar medallitas, pese a que cualquier detalle del lugar rezumaba grandeza. Gente muy humilde que no olvida sus raíces pese a la gran demanda que reciben de fuera del país, una familia que no quiere vivir del cuento sino todo lo contrario. Según nos contaba Alberto, la filosofía de la fábrica es que la cerveza es un placer al que han de poder acceder todos y no unos pocos ricachones con pasta, por ello su pequeña producción (no pueden ni quieren aumentar) va destinada a muy pocos locales y muy bien elegidos, para evitar precisamente esa especulación. Así que por si no fuera suficiente con que sus cervezas son maravillosas, si además te encuentras con que su gente es tan humilde y transpira verdadera pasión por la cerveza, es prácticamente imposible no enamorarte perdidamente de esta fábrica.

Por todo ello, incluso a los que no os gusten las lambic, os puedo prometer que la visita a Cantillon es imprescindible si visitáis Bruselas. Y lo digo pese a que terminamos literalmente con las espaldas dobladas tras dos horas de pie escuchando. Es justo reconocer que la duración de la visita fue ligeramente superior a lo normal gracias a la pasión y entusiasmo de Alberto, al que desde aquí queremos agradecer el gran detalle que tuvo con nosotros.

Y por hoy creo que ya me he enrrollado bastante. En la próxima entrada, comentaremos la tarde del segundo día, en la que dejamos Bruselas y nos vamos a Poperinge, la cuna del lúpulo en Bélgica.

17 comentarios:

  1. Hola lupuler@s...
    Esto no es una entrada, sino un libro entero!!!!
    El contenido textual precioso, la fotografía con ese ambiente que crea la luz junto con la madera de algun escenario, incluso la tonalidad de las diferentes cervezas -afrutadas- reflejan un ambiente cálido, como de invierno al lado de la chimenea, con buena compañía y un par de buenas cervezas... "merveilleux..."
    empar

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  2. Tampoco exageres, Empar!!! Mira que Rosana no es celosa pero tanto peloteo... jaja!! Bueno, pues lo escrito no es nada en comparación con la realidad. Lo mejor, como ya he dicho en otras entradas son las cervezas en compañía!!

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  3. Si que es mejor vivirlo en directo pero yo casi ni me acordaba de la mitad de las cosas por lo que revivirlo aqui es genial.

    Lo de ALberto en Cantillon fue genial aunque es verdad que llegamos muy cansados al final y alguno se bebió su Lambic casi sin degustarla jaja

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  4. Hasta leyendo el post me entran ganas de tomar Lambic y eso que excepto las Kriek y Frambuesa el resto me cuestan barbaridades engullirlas!!

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  5. Gabriel, la verdad que cuando estás viviendo cosas como estas por ahí casi no de das cuenta de lo grande que es hasta que llegas a casa, al menos hablo por mi. Allí en Cantillon entré medio en trance y no desperté hasta terminar la charla... y si, llegamos algo cansados al final pero no cambio ni un segundo de la charla. Por cierto, lo de Alberto es gracias a ti y Marya, aprovecho también para decirlo, jeje!

    Txema, pues según he leído, acostumbrarse y empezar a disfrutar las Gueuze y compañía es cuestión de probar muchas así que ya sabes... Aunque allí, rodeado de barricas creo que te la hubieras tomado de un sorbo, jaja!

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  6. Ahora mismo daría lo que fuera para cambiar mi café con leche por una lambic! Deliciosa entrada, Pau. Me estás generando una necesidad imperiosa de volver a Bélgica a corto plazo :-)

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  7. Birraire, jaja! Te entiendo perfectamente ya que nosotros hace poco más de una semana que hemos vuelto y ya estamos locos por ir de nuevo!!

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  8. Me dio pèna no poder visitar la fábrica de Cantillon la ultima vez que estuvimos en Bruselas, era fiesta y estaba cerrada, pero es que, después de leer esto, me doi cuenta de que merece la pena volver solo para visitarla (y ya de paso unos cuantos sitios más, jeje)

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  9. Iker, la verdad que si que es una pena lo de tu visita a Cantillon, pero bueno, siempre habrá más oportunidades, no? Nosotros en este viaje no pudimos ir a todo lo que hubiéramos querido, pero es lo que hay, que o te vas 2 semanas o es imposible en un solo viaje... ;P

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  10. O vas más veces, que aunque vuelvas a los mismos lugares, siempre encuentras alguna sorpresa...jeje

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  11. Si, encontrar sorpresas en sitios conocidos eso más que seguro, porque por ejemplo en Moeder o Delirium continuamente rotan barriles... Yo con tu permiso me sigue atrayendo ir 2 semanas, en coche, cargar el maletero y si eso volver...jaja!!! Por pedir...

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  12. Cada entrada que leo de tu viaje a Bélgica me dan más ganas de volver algún dçia. Tienes razón, como mínimo dos semanas. Pero no sé si acabaría saturado, cosa que no creo, o si no sería capaz de tener la fuerza de voluntad suficiente para regresar.
    Muy buen trabajo en estos posts.
    Salu2!

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  13. JAB, lo de viajar 2 semanitas, si lo montas bien y sin saturar mucho de cerveza creo que podría estar bien. El problema sería estar dándote borrachera todos los días, que entonces creo que no terminábamos la primera semana, jeje! Saludos!

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  14. Estaba leyendo esta entrada (muy buena, por cierto):

    http://absinthdrinker.blogspot.com/2011/10/lambic-la-tierra-media-entre-el-vino-y.html

    y me he acordado de tu pregunta:

    Ésta es la misma razón por la que no embotellan la Cantillon Faro (lambic con adición de azúcar), porque el extra de azúcar podría provocar la explosión de las botellas por un exceso de CO2 (por lo tanto, ¿como se las ingeniarán otras cerveceras...? ¿conservantes, estabilizantes...?)

    Citando la entrada que te digo:

    El detalle es que al agregarle el azúcar esta tiene en teoría mucho potencial de re fermentación, tanto que haría explotar las botellas, por esta razón las Faro más puras solo se sirven en barril, mientras que las versiones embotelladas son pasteurizadas para evitar la re fermentación.

    :-) ahí lo tienes

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  15. Deigote, ¡Ah! Pues muchísimas gracias por la aclaración y por el link. Nada más que añadir ;P. Un detallazo por tu parte, jeje!

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  16. Hermoso relato!!! Muchas gracias, En julio sin dudas visitaré el lugar y muchos otros bares que has recomendado en las anteriores entradas, saludos desde buenos aires, Argentina! Salud!
    Israel.

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    1. Hola Israel. Me alegro que te haya resultado útil. Si tienes dudas o necesitas cualquier cosa, escríbeme al correo electrónico que podrás encontrar en las pestañas de arriba del blog. Un saludo y... Salud!!!

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